Una correcta preparación es fundamental para lograr un resultado impecable. Antes de comenzar a pintar, es importante retirar o cubrir muebles, proteger suelos con plásticos o papel especial y desmontar enchufes y mecanismos eléctricos si es necesario.
Las paredes deben estar limpias, secas y libres de grasa o polvo. En caso de grietas o agujeros, es imprescindible repararlos con masilla adecuada y lijar posteriormente para igualar la superficie. Si la pared presenta manchas de humedad, es necesario tratar la causa antes de pintar.
También es recomendable aplicar imprimación en superficies nuevas o muy porosas. Este paso mejora la adherencia y reduce el consumo de pintura final.
La ventilación durante y después del proceso es clave para un secado adecuado y para mantener el aire interior saludable.
Una buena preparación marca la diferencia entre un trabajo mediocre y un acabado profesional.